El taller ubicado en el popular barrio 20 de Julio, en las entrañas de Bogotá, es una especie de loft neuyorquino que acoge 28 telares horizontes y verticales creados y ajustados a las medidas de las demandas particulares que se reciben día a día. Acoge también las manos artesanas y pacientes de 60 creadores que acuden todas las mañanas con la intención de darle vida y forma a esos complejos entramados que Jorge Lizarazo ha visualizado en su cabeza. “Una de las grandes convicciones que le dio vida a Hechizoo fue devolverle a la gente la capacidad de soñar, de pensar que se puede vivir del trabajo de sus manos, del saber aprendido de los abuelos, que era posible literalmente tejer su destino”, cuenta el diseñador quien ha hecho de ese inmenso recinto que le regaló su mamá un espacio que es la casa amable y grata de todos sus cómplices y trabajadores.